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Chorreado y granallado


El proceso de chorreado consiste en la proyección de materiales abrasivos a gran velocidad sobre la superficie de un substrato, de tal forma que el impacto de dichos abrasivos limpia la superficie generando cierta rugosidad favorable para la adherencia y el anclaje de las futuras capas de pintura.

El granallado se define al proceso automatizado del chorreado, es decir cuando no interviene el hombre durante el proceso de proyección de los abrasivos, actualmente existe una amplia gama de máquinas que realizan el proceso de chorreado de manera automática.

El proceso de chorreado constituye un procedimiento mecánico eficiente y eficaz para la limpieza y preparación de superficies metálicas previo al proceso de pintura, para superficies plásticas o de cristal no es aconsejable este método de preparación dado a que puede llegar a romper la estructura interna del material.

Fundamentalmente el proceso chorreado o granallado se basa en proyectar a gran velocidad un chorro de abrasivo previamente seleccionado en función de la superficie a limpiar así como de la rugosidad que se desea conseguir. El chorro del abrasivo elimina rápidamente las diversas impurezas de la superficie, impurezas como óxidos superficiales, cascarilla de laminación, incrustaciones de materias extrañas…

Durante el proceso de impacto y debido a factores como la presión de trabajo, diámetro de la boquilla ... es posible que el abrasivo alcance temperaturas elevadas ocasionando que parte del material del chorro abrasivo se funda y pase a formar parte de la superficie chorreada, dicho efecto es conocido como triboplasma. Es por ello que se debe seleccionar cuidadosamente el abrasivo del chorro en función del material a tratar con objeto de evitar pares galvánicos y contaminar la nueva superficie.

Una vez se ha arenado, chorreado o granallado la superficie, debido al impacto de los abrasivos producen unas rugosidades excelentes para anclar las siguientes capas de pintura, el nivel de rugosidad viene determinado principalmente por el tamaño y forma del abrasivo.

Una vez chorreada la superficie esta se encuentra "desnuda" por la acción del abrasivo, resultando extraordinariamente sensible a la oxidación y a la corrosión, para evitar que la nueva superficie comience el proceso de oxidación y corrosión se debe de aplicar la primera capa de pintura antioxidante (imprimación o pinturas directas) en un espacio de tiempo el cual viene definido por las condiciones ambientales (ambientes muy húmedos, ambientes industriales, etc…) en el que se encuentre el material chorreado.

Debido al impacto que produce el abrasivo durante el proceso de chorreado, arenado o granallado puede llegar a deformar o romper la pieza en el caso que posea poco espesor o poca resistencia al impacto, es por ello que para piezas metálicas inferiores a 1 mm de espesor no es aconsejable el proceso de chorreado así como para materiales frágiles como el vidrio o plásticos no es aconsejable el proceso de chorreado.

El chorreado, arenado o granallado se puede realizar de forma automática o manual, en función del tipo y geometría de la pieza así como del número de piezas a granallar se define la aplicación de manera manual, automática o robotizada. Existen diferentes máquinas para granallar, chorrear o arenar, desde máquinas portátiles, chorreadoras automatizadas hasta robots de aplicación de chorro.

El proceso de chorreado manual resulta un proceso peligroso y tóxico para la persona que realiza la operación, es por ello que se tienen que tomar las medidas preventivas necesarias así como dotar de equipos de trabajo adecuados para el trabajo(monos de cuero, respiración asistida, tapones…)


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